
La historia suele ser cíclica, volviéndose a repetir una y otra vez. Aunque pueda venir con envoltorio diferente, con un traje distinto o con matices que nos pueden confundir, que nos quieran hacer ver que el fondo, el cogollo del problema, ha cambiado, la realidad es que las mismas estupideces humanas, los mismos actos de insolidaridad, de injusticia y de sublimación de los intereses de los más poderosos, siguen siendo el uniforme trasfondo que mueve los hilos de la vida de millones de personas. La historia nos enseña que las guerras las generan las élites insensibles a todo, menos al poder y a la avaricia y que los que las sufren son los que están en la base de la pirámide de ese poder, los olvidados, los que son usados como carne de cañón, los que poco o nada tienen.
Decimos esto porque el genocidio que se está produciendo en Gaza (también cada vez más en Cisjordania) es una reproducción, corregida y aumentada, de lo que ha pasado durante muchos decenios en esta zona del planeta. Podemos recordar cómo hechos muy similares a los que están teniendo lugar en la actualidad ya se produjeron a principios de 2009, aunque lejos de los dramáticos sucesos actuales. A continuación reproducimos una debate plenario que tuvo lugar el 26 de enero de 2009, hace más de catorce años, donde podemos comprobar la incuestionable similitud entre lo sucedido en esas fechas y lo que acontece casi tres lustros después. Este dramático “déjà vu”, que parece no tener final, tiene una víctima por encima de todas: el pueblo palestino, más allá de los que dicen que los representan realizando actuaciones infames que sólo generan más odio, más allá de los que obran arguyendo su “legítima defensa” y como perros rabiosos relatan su venganza generando un genocidio atroz que ha segado ya la vida de miles de personas inocentes y donde los niños (siempre son los niños los que más sufren en la barbarie asesina de las guerras) son masacrados impunemente, robándoles un futuro, que aunque era absolutamente incierto, era su futuro, su vida, su esperanza.
Israel ha desoído continuamente el llamamiento de organizaciones como la ONU para generar procesos de paz, para que coexistan un estado palestino y un estado israelí, pero la falta de acatamiento a estas resoluciones no se hubiese producido si no existiese la connivencia de los que gobiernan de facto en nuestro mundo, es decir, los Estados Unidos, así como otra gran parte de los que se reparten el poder económico mundial, incluida la Unión Europea. Como siempre ha pasado, los poderosos tienen intereses que desconocemos, aunque sí intuimos, y no les importa nada la vida de millones de personas que sobreviven en condiciones casi infrahumanas en una zona acotada y vigilada por sus eternos carceleros que habitan al otro lado de sus fronteras.
Estamos seguros que la mayoría de los israelíes sólo quieren la paz y poder vivir con tranquilidad, aunque siempre existen los ultranacionalistas, los “de la patria es lo primero” que anteponen sus pensamientos insolidarios y egocéntricos a los intereses de la mayoría y, desgraciadamente, esos son los que dirigen los destinos de Israel. Al igual que en la parte palestina hay otros “patriotas” que no miran más allá de su fanática visión del mundo.
Sólo el diálogo es el único camino para la paz y para la esperanza de un pueblo olvidado casi por todos como es el palestino y que es el único gran sufridor de este conflicto que parece no tener fin y que no lo tendrá mientras que los amos del mundo estén interesados en que continúe. Mientras tanto, los niños siguen siendo asesinados de manera inmisericorde.