EN APOYO A JUANMA POYATO

No es fácil hacer una valoración objetiva de lo sucedido recientemente con el alcalde de Zuheros, Juan Manuel Poyato Cuenca. A su vez, resulta absolutamente ineludible mostrar nuestra postura sobre este asunto, pues no podemos mirar hacia otro lado en un caso tan flagrante de homofobia y discriminación.

Sabemos que la iglesia católica se rige por unas determinadas normas que han de cumplir las personas que guiadas por su fe colaboran con las distintas asociaciones que dicha institución tutela. Esta regulación interna, pese a algunos pequeños atisbos de renovación auspiciados por el actual Papa Francisco, pero repudiados por la inmensa mayoría de la jerarquía eclesial española, está anclada en pensamientos y actitudes añejos que poco tienen que ver con la realidad de la sociedad española. Así, podemos mencionar la discriminación que sufren las personas divorciadas y vueltas a casar o aquellas que han contraído matrimonio con personas de su mismo sexo, sin olvidarnos del papel totalmente secundario al que habitualmente se ven relegadas las mujeres.

El Papa Francisco, en su exhortación apostólica “Amoris Laetia” (la alegría de amar) edulcora levemente la situación de los divorciados y nuevamente casados y en relación con el colectivo LGTBI, aprueba la bendición de las parejas homosexuales, pero sin equipararlas al matrimonio. Son pequeños avances pero, desgraciadamente, sin que hayan tenido buena acogida por quienes rigen los destinos de los católicos en nuestro país. En definitiva, la iglesia mayoritaria en España (o, mejor dicho, quienes la dirigen) desoyen continuamente a su teórico líder espiritual por considerarlo excesivamente progresista en materia de integración o inclusividad.

Suponemos que para quienes la fe católica se ha asentado en sus sentimientos más profundos y, al mismo tiempo, se encuentran dentro de los grupos discriminados citados anteriormente, debe ser enormemente complejo determinar cómo pueden compatibilizar sus inquebrantables creencias con unas normas que les colocan en el rincón de los castigados por desobedientes. Muchas de estas personas, sin duda, optan por esconderse, por intentar quedar bien con Dios y con el diablo, haciendo equilibrios emocionales de difícil mantenimiento en el tiempo. Es comprensible que hacer un ejercicio de valentía en estas circunstancias no es nada fácil, pues cuando se produce ese cruce del Rubicón las consecuencias pueden ser tan predecibles, por conocidas, como dolorosas.

Y éste es el caso de Juanma Poyato; alcalde de Zuheros, casado con quien ha amado desde hace muchísimos años y que también es otro hombre y, por último, miembro de la Hermandad del Rocío de Cabra. No ha podido ser pregonero de la romería del Rocío de 2024 por haber contraído matrimonio con una persona de su mismo sexo. Según el Obispado de Córdoba este veto viene determinado “en coherencia con el artículo 33 de los estatutos de la Agrupación General de Hermandades y Cofradías de Cabra”. Como podemos comprobar, son las rancias reglas eclesiásticas las que, al parecer, impiden que Juanma Poyato pueda llevar a cabo un acto que para él suponía una tremenda ilusión y que, incomprensiblemente, han sido a las que se han encomendado las personas que rigen esta Hermandad.

Creemos, como muchísimos de los fieles de la iglesia católica, que no se deben poner trabas a las personas que se aman y a cómo se aman, que la homofobia debe ser arrinconada por la fuerza de la coherencia, de la solidaridad y de la justicia (ya sea divina o terrenal) y que las mismas personas que configuran esta iglesia, es decir, la congregación de los fieles cristianos (no las jerarquías, sino el común de los creyentes) deben ser los primeros en levantar la voz y rebelarse contra normas que discriminan a muchas de las personas que integran esta misma iglesia.

Nuestra enhorabuena a Juanma Poyato por haber tenido la valentía de levantar esa voz, pese a ser consciente que no se lo perdonarían. Cuentas con nuestro apoyo incondicional, como todas las personas del colectivo LGTBI que luchan continuamente por sus derechos constitucionales y que, desgraciadamente, en muchas ocasiones chocan con el muro de la incomprensión e incluso con el odio que siembran sectores ultramontanos de nuestra sociedad.

Por último, queremos reflejar nuestra extrañeza a que desde el equipo de gobierno del ayuntamiento de Cabra no se haya producido ninguna muestra de apoyo a Juanma Poyato, ni se haya repudiado la injusta discriminación que ha padecido.

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